La confesión de la reina, de Victoria Holt

Si hay un personaje histórico que ha pasado a la Historia por su frivolidad, ése es María Antonieta, Reina de Francia que fue guillotinada, como su marido el Rey Luis XVI, en plena Revolución Francesa en 1793. Sin embargo, este libro de la fantástica escritora inglesa Victoria Holt es un intento de humanizar a María Antonieta como mujer, madre y esposa, antes que Reina.

María Antonieta destacó desde su nacimiento no sólo por ser la más bella y pizpireta hija de los Emperadores de Austria, sino porque el día que llegó al mundo estuvo cargado de significado, entre otras cosas porque fue la fecha en que ocurrió el  terremoto que destruyó la ciudad de Lisboa y eso fue entendido como un signo de que su destino podría ser fatal. Lamentablemente, en esa ocasión los supersticiosos sí acertaron.

La confesión de la reina

 

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Madame Bovary, de Gustave Flaubert

Un clásico nunca te deja indiferente. Los hay que te sorprenden y te gustan mucho más de lo que esperas, mientras otros son “duros de leer” y dependiendo de la época en la que los abordes se convierten en una losa. En cualquiera de estos casos, lo que está claro es que los clásicos son libros que requieren un tipo de lectura especial, más sosegada y detallista, menos impaciente por el desenlace y menos expectante por hallar giros inesperados o formatos distintos, en la mayoría de los casos, al narrador omnisciente en tercera persona.

Esta introducción es fruto de que Madame Bovary no es el primer clásico que me leo, pero sí el que más me ha costado acabar después de El Quijote. Por eso, mi primera reflexión, es que este tipo de novelas no son novelas de bolsillo, no son muy recomendables en días complicados en los que un libro debe servirte para relajarte y cerrar página. Mi lectura de Madame Bovary ha estado condicionada por todo esto y, como consecuencia, debo decir que es una novela que me ha gustado más bien poco.

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